Otras veces, demasiadas veces, nos hemos preguntado lo contrario: ¿ Por qué no se calla ? ¿ Por qué tiene el reverendísimo cardenal López Rodríguez que castigarnos con esa palabrería infatigable y ensordecedora con la que, haciendo gala de la más deplorable indigencia de pensamiento, se empeña en opinar sobre absolutamente todo lo que acontece en la República Dominicana ?
Ahora sucede, curiosamente, que a pesar de su vocación de altoparlante, el bueno de Nicolás no habla. Nada. Ni una sola palabra sobre el controvertido caso de la instalación de una fábrica de cemento en el Parque Nacional Los Haitises. Hay quien dice que, dada su conocida relación con la oligarquía de Santiago, hay que ser muy tonto para esperar que el líder máximo del catolicismo criollo habra la boca para referirse al proyecto del “cemento verde”. Parece convincente.
Pero esto no tardará mucho. Podemos esperar, con sobrada confianza, que el cardenal se recuperará pronto de esta completa suspensión de su facultad crítica. La pregunta que aparece en el título dejará de tener sentido. Para entonces ( y hasta que Dios tenga tiempo de atender algunas plegarias) no se me ocurre mejor idea que, con el mismo tipo de férrea resolución con que uno decide no armar un alboroto en el dentista, tratar de reforzar en nuestro espíritu éstas palabras de Noam Chomsky: “Si no creemos en la libertad de expresión de las personas que despreciamos, entonces no creemos en la libertad de expresión”.
