Con la publicación en 1976 de su libro The Selfish Gene (El Gen Egoísta), Richard Dawkins se granjeó la atención de la comunidad científica con dos cosas. La primera, haber resuelto el misterio de que se rodeaba la existencia generalizada de altruismo biológico (Sacrificarse por otros miembros de la misma especie) en la naturaleza.
La segunda, de la que me serviré en esta ocasión, fue la introducción del concepto de meme como base para estudiar la propagación de ideas y fenómenos culturales.
El asunto va más o menos así: Al igual que las características físicas de los organismos vivos, los memes ( unidades de información cultural, como ideas, modas, melodías, frases hechas, etcétera) se propagan y evolucionan por selección natural. Como los genes, los memes se conducirían a sí mismos, por el acervo memético, saltando de cerebro en cerebro mediante un proceso,¿ inadvertido para el portador? , que en un sentido muy amplio puede denominarse “imitación”.
¿ Hacia dónde voy con esto? No tardo.
Cuando veo la manera en que los haitianos son tratados en la República Dominicana, yo, como para tranquilizarme, y a riesgo de pecar de ingenuo, me permito el intento de acomodar en mi espíritu la idea de que, muy muy en el fondo, no somos un pueblo de racistas ignorantes. Que la culpa es de un meme, un meme anti-haitiano que con más que un poco de ayuda, de aquí y de allá, hace siglos que viene propagándose en el imaginario corriente del dominicano.
Así planteado, alguna esperanza queda. Hasta podría soportar por un tiempo más esa sensación que anuncia la proximidad del vómito y que casi no puedo evitar cuando escucho a un dominicano expulsar un pronunciamiento que él mismo consideraría repugnantemente racista si se dirigiera contra un objetivo no-haitiano. Volveré sobre este asunto.